Día 6: Bucha, BLA BLA BLA

Con el grupo de gente que iba uno se iba a quedar en Kiev, por lo que esta mañana lo primero que hicimos fue buscarle un piso. Encontramos uno en el centro de la ciudad y, lo mejor de todo, es que éste sí tenía un búnker bastante bien equipado.

Quien nos mostró el búnker nos dijo que era de época soviética y que cuando Ucrania se independizó en 1991 el búnker se había cerrado y lo habían dejado así tal cual. Ahora lo habían vuelto a abrir para el uso de la gente del edificio. Ver el búnker fue un auténtico viaje en el tiempo.

Artículos básicos de la época de la Unión Soviética

Camas preparadas para utilizarse

En el marco de la puerta se puede ver el grosor de las paredes. Es interesante ver los distintos patrones de azulejos del suelo, esto es para en caso de que el búnker se llene de humo y tengas que arrastrarte por el suelo puedas ubicarte y saber en qué habitación estás

Esta cama ha sido recientemente utilizada. La compuerta es una vía de escape en caso de emergencia. La señal indica que es una salida hacia el bosque. Este búnker según nos dijeron era muy seguro puesto que tenía muchas salida de emergencia que salían en distintos puntos de la ciudad. Si estás en un búnker con una única salida corres el riesgo que la puerta quede sepultada por escombros y no puedas salir.

Ya con el piso contratado nos fuimos a Bucha, un suburbio de Kiev, ya que íbamos a tener ahí otra reunión de trabajo. En dirección a Bucha pasamos por Babi Yar, un barrio donde ocurrió una de las peores masacres judías perpetuadas por los nazis. De los 6 millones de judíos asesinados durante la Segunda Guerra Mundial, 1 millón provenía de Ucrania. Cuando los nazis ocuparon Kiev el 19 de septiembre de 1941 una serie de explosiones mataron a varios alemanes. Fueron bombas que los soviéticos habían dejado pero que los alemanes culparon a los judíos. Como represalia, el 29 y 30 de septiembre 33.761 judíos fueron reunidos en Babi Yar y ahí, bajo una lluvia de balas y un sonido atronador, podemos imagirnos el desenlace.

Ahora, en el 2026, asistíamos a otro suburbio cercano a Babi Yar donde también ha ocurrido una de las peores masacres de la actual guerra de Ucrania: Bucha.

Al inicio de la guerra, en febrero de 2022, un convoy de 60 kilómetros de largo de tanques de guerra, vehículos de infantería, camiones militares, y miles de soldados, se iba desplazando desde Bielorrusia hacia el sur para ocupar Kiev. De este convoy de la muerte se fueron desprendiendo pequeñas unidades que iban por los pueblos de alrededor ya sea para saquear víveres o para ir encontrando otras vías para acercarse y rodear a Kiev. Es una de estas unidades que pasó por Bucha y que provocaría una de las peores masacres. Los rusos se quedaron en Bucha apenas un mes, del 27 de febrero al 31 de marzo. Pero no contaban con que en ese mes se iban a encontrar con la fiera defensa y ataques por parte de los residentes ucranianos. De hecho, no solo a esta unidad le estaba yendo mal, ya que las otras unidades no consiguieron rodear, y mucho menos tomar, Kiev. Ante esta situación a los rusos no les quedó otra opción más que retroceder. Y al retirarse es cuando salió a la luz las macabras atrocidades que dejaron los rusos durante este mes de ocupación.

Se encontraron cientos de cuerpos por las calles, en jardines o incluso dentro de las casas. Pero no eran los cuerpos de soldados ucranianos. No. Había cuerpos de todas las edades y de ambos sexos. Algunos con orificio de bala a quemarropa, otros con ojos vendados y un disparo por detrás, otros con una venda blanca atada a su brazo señalando que no iban armados. Otros cuerpos fueron encontrados al lado de su bicicleta o con el pan a un lado.

Calle Yablunska. En esta calle es donde se encontraron gran parte de persona sin vida junto con vehículos calcinados

Avanzando por las calles de Bucha nos encontramos con un sitio donde habían puesto todos los vehículos de civiles que fueron calcinados o aplastados por los tanques de los rusos.

Vehículo con orificios de bala del lado del conductor

Fuimos a un supermercado a comprar un desayuno. Al estar pagando la cajera estaba visiblemente afectada. Una de nuestras acompañantes, ucraniana, le preguntó si todo estaba bien, a lo que la cajera dejó su puesto por unos momentos para ponerse a llorar. Se quedó hablando con nuestra compañera ucraniana mientras nosotros nos fuimos para dejarles un poco de intimidad. Cuando nuestra compañera nos alcanzó no nos quiso ni traducir lo que le contó la cajera. Los horrores de Bucha estaban muy recientes, tan solo habían pasado unos meses de cuando nosotros estábamos ahí.

Conforme regresábamos a Kiev pasamos por el puente de Irpin. Este puente fue retratado con una fotografía que dio la vuelta al mundo al inicio de la guerra, donde se ve un tumulto de ucranianos cruzando el río Irpin sobre unas improvisadas tablas de madera, con el puente encima de sus cabezas destruido por la mitad y una furgoneta blanca de cabeza sobre el río que cayó así al explotar el puente. Cuando fuimos nosotros el puente estaba ya siendo reparado.

Reparación del puente Irpin

Puente Irpin siendo reparado

Después de esto regresamos al piso para continuar trabajando, por lo que ya no hay nada reseñable que seguir contando. Al día siguiente nos regresaríamos en la furgoneta para España. De los 3 que llegamos, 2 nos devolvíamos. Así que nada, al día siguiente nos levantamos a las 6 de la mañana para quitarle el hielo al parabrisas de la furgoneta. Pasamos por las calles de Kiev por última vez mientras el sol comenzaba a salir. Atrás fuimos dejando el paisaje salpicado de edificios destruidos por la guerra a las afueras de la ciudad.

Cogimos carretera y las señales de tráfico otra vez comenzaban a aparecer. Sobre todo ésta, muy curiosa con la cara de Putin tachada.

Llegamos a la frontera con Polonia ya de noche. La fila de vehículos que quería salir del país era enorme. El tiempo de espera no se medía en horas si no en días. Literalmente. Afortunadamente teníamos un pase que nos permitió esquivar esta fila.

Ya del lado de Polonia nos detuvimos en el primer pueblo que vimos y ahí íbamos a pasar la noche. Aunque solo estuvimos 2 semanas y media en Ucrania, a todo se acostumbra uno. Fue sorpresivo entrar a la recepción del hotel con todo encendido sin necesidad de andar con la luz de los móviles o velas. Ver a un grupo de mochileros jóvenes asiáticos, europeos, estadounidenses riendo animadamente entrando al hostal. Ya en la habitación del hotel no podía creer tener un Internet que funcionara todo el tiempo. Tener calefacción. Fui al baño y escuchar el “flussssshhhh” del agua saliendo en cuanto abrí el grifo, ¡y agua caliente también!

Después de una ducha nos fuimos a un lugar de pizzas para cenar. Estaba viendo la carta. Daba gusto saber que podía elegir cualquier cosa incluso comida caliente. Mientras pensaba qué iba a pedir sonaba la voz del inconfundible Freddy Mercury por los altavoces con la canción Don’t Stop Me Now. No puedo evitar decir que pensaba que estábamos en esta masa de tierra de varios kilómetros que llamamos Unión Europea. Un vasto lugar sin fronteras. Me imaginaba a pocas decenas de kilómetros de aquí la Plaza del Mercado de Cracovia llena de turistas paseando entre tiendas repletas y adornos navideños. Los cafés de Viena con sus ocupados camareros atendiendo a clientes. Turistas en Venecia y París. Gente tapeando en las calles de Sevilla. Todo un mundo de comodidades y primer mundo. Pero a escasos kilometros de la pizzería una frontera que marca el fin de este mundo, y del otro lado un país que, entre el hielo y la oscuridad, su población se provisiona de víveres a la espera del próximo ataque. Algunos viven esto con justificado terror, mientras que otros lo hacen con una admirable valentía y resiliencia. Las pizzas han llegado.

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