Día 5: Kiev, la ciudad vikinga de las cúpulas doradas

Después de un buen desayuno y una buena ducha fría (sin lavarse el pelo para que no se congele) salimos a la calle para comenzar con el día.

La vibra en Kiev se nota muy diferente a la de Ivanno-Frankivsk. Aquí los bancos tienen largas colas de gente esperando sacar su dinero en cada oportunidad que tienen. Ves a gente comprando productos de primera necesidad como bidones de agua y algunas estanterías vacías. Pero sobre todo, está en el aire esa tensa calma que nos acompañaría todos los día en Kiev. Esa tensa calma debido a que todos sabemos que algo va a pasar, pero nadie sabe cuando. Y a esa sensación, se le añade la extraña percepción que con cada hora que pasa, cada minuto que pasa, estás un minuto, una hora más cerca de que ese algo suceda, independientemente de si estás conduciendo a tu trabajo, comiendo, o alistándote para dormir. Esta constante situación de incertidumbre es lo que puede provocar una tensión que no termina de desaparecer.

Teníamos una entrevista con un antiguo general del ejército soviético cuando Ucrania formaba parte de la URSS, asi que nos dirigimos hacia la parada de autobús.

Señal en la marquesina de autobús solicitando a los ciudadanos que llamen al 101 si ven algo extraño

Dentro del autobús había una pantalla alentando a los ciudadanos enlistarse en el ejército

El punto de encuentro lo había decidido el antiguo general, y creo que no pudo elegir lugar más surrealista: un Kentucky Fried Chicken. Así que, como yo no sé nada de ucraniano o ruso, ahí estaba a las 10 de la mañana dándole sorbos a mi Pepsi mientras escuchaba a los otros hablar, y mientras el general se chupaba de los dedos la grasa del pollo que se estaba comiendo entre palabra y palabra.

¿Qué os puedo contar interesante de esta reunión? Absolutamente nada, ya que no pudimos entender nada. El acompañanete con el que yo iba hablaba solamente ucraniano, mientras que el general hablaba solamente ruso. Cuando fuimos a Ucrania, 2022, se estimaba que aproximadamente un 20% de los ucranianos en Kiev hablaban solamente ruso, ya que durante décadas era la lengua para encontrar trabajo y el de la élite.

No obstante, evidentemente desde la invasión rusa muchos ucranianos intentan desprenderse de esa lengua sobre todo en lugares públicos. No obstante, nuestro general, quizás por tratarse de una generación de mayor edad, no podía expresarse en ucraniano. Mi acompañante, que sí habla ucraniano pero no ruso, me dijo que el general constantemente decía una frase como “hablo la lengua que se habla en Rusia”, o algo así, queriendo dar a entender que no lo tomáramos por un ruso o un traidor, si no que simplemente hablaba la lengua de aquél país y no podía hacer más.

Después de esta infructuosa reunión nos fuimos a otra que terminó casi con el mismo nivel de desastre, pero que me ocurrió algo que nunca me había ocurrido en mi vida. Esta vez el lugar de reunión era en el centro de Kiev, de hecho, cerca de las oficinas presidenciales. Y como ya habréis visto, nos estábamos moviendo en transporte público, por lo que indicamos a Google Maps nuestro destino para que nos indicara cómo llegar, a lo cuál nos dio instrucciones precisas sobre cómo hacerlo, tal como lo suele hacer.

Así que, siguiendo las indicaciones, tomamos el autobús y nos bajamos en la parada que nos indicaba. Cuál fue nuestra sorpresa que cuando nos bajamos habíamos terminado en un extremo de la ciudad, no en el centro. No podía creer nuestra enorme distracción y estaba sobre todo preocupado porque llegaríamos tarde a la reunión. Así que volvimos a poner la dirección y por segunda ocasión nos subimos al autobús, pero esta vez estando más al pendiente del momento en que deberíamos de bajarnos. En cuanto lo indicó mi móvil y nos bajamos ¡nos dimos cuenta que ahora estábamos en el otro lado de la ciudad! No podía creer lo que estaba ocurriendo, ya que siempre me he considerado una persona que se sabe manejar con los mapas.

Como ya íbamos con la hora muy pegada decidimos llamar a la persona con la que nos estábamos quedando en su piso, para ver si nos podía llevar en su coche. Afortunadamente aceptó y por grandes casualidades se encontraba cerca de donde estábamos, por lo que al poco tiempo íbamos ya con ella en el coche. Yo iba siguendo la ruta en el Google Maps, pero veía constantemente que la persona conducía desviándose de nuestro destino, a lo que intentaba hacérselo ver. Finalmente, ella exasperada, me dijo que Google Maps no funciona en Kiev para evitar ayudar a los rusos, que ella es de Kiev y sabe perfectamente dónde se encuentra nuestro destino. Tengo que admitir que yo seguía incrédulo de lo que me había dicho y todavía intentaba confiar más en Google Maps, hasta que vi que la aplicación nos hacía dar un giro a la izquierda, cuando eso implicaría meternos en sentido contrario en una avenida. Claramente Google Maps estaba distorsionando la información.

Sobra decir que llegamos tardísimo a la reunión, pero bueno, afortunadamente los otros asistentes fueron empáticos con nosotros ya que sabían que no cualquiera que viniera de fuera tenía que imaginarse que Google Maps no funcionaba en el centro de Kiev.

Ya después de la reunión, y de un buen resbalón por la calle, llegamos a la famosísima Plaza de la Independencia, o Maidan, como quizás os suene más. Esta plaza está aquí desde mitad del siglo XIX y, aunque al principio era un lugar de encuentro y tiendas común y corriente, todo cambió cuando en 1876 construyeron ahí la Duma (el Parlamento), desde entonces, la plaza comenzó a convertirse en un lugar de acción cívica, donde los ciudadanos iban a juntarse cada vez que querían reivindicar sus derechos.

Pero la plaza, que en otros momentos tenía una enorme estatua de Lenin, no es famosa por los acontecimientos que pudieron haber sucedido hace décadas aquí; no, es famosa por hechos mucho más recientes, donde la gente se ha ido a manifestar ahí principalmente en contra de un mismo agresor: Rusia/Unión Soviética. A estos eventos se les fue conociendo como el Primer Maidan (maidan significa “plaza”) (1990), el Segundo Maidan (2004) y el Tercer Maidan (2013 y 2014).

El Primer Maidan ocurrió el 2 de octubre de 1990. El contexto era que Lituania había declarado su independencia de la Unión Soviética en marzo de ese año. Las demás Repúblicas Socialistas Soviéticas (entre ellas Ucrania) comenzaron a sentir la presión de también independizarse. En aquél entonces la Unión Soviética era gobernada por Mijaíl Gorbachov, quien había ya concedido ciertas aperturas democráticas dentro de toda la Unión. Incluso, se encontraba negociando con los líderes de las Repúblicas Socialistas Soviéticas una nueva unión con Rusia, donde supuestamente todos los miembros estarían a la par y no se dictarían las órdenes desde Moscú. La mayoría de los ciudadanos recelaban de estas negociaciones, ya que no se las creían. Debido a la independencia de Lituania, Gorbachov apretó el puño de hierro y quitó libertades democráticas. Ante esto unas pocas decenas de estudiantes ucranianos fueron a manifestarse a la Plaza de la Independencia (Plaza de la Revolución de Octubre como se llamaba en ese entonces) e hicieron una huelga de hambre. No eran muchos, apenas unos 150. Pero el partido comunista ucraniano sacó una nueva ley que prohibía manifestarse y las fuerzas gubernamentales fueron a apresar a los estudiantes. Esta fue la paja que rompió el lomo del camello. Unos 50.000 kievanos salieron a la plaza a defender a los estudiantes, y el partido comunista no tuvo más remedio que retroceder. Estos eventos llevarían a la independencia de Ucrania el 1 de diciembre de 1991. El día de Navidad, 25 de diciembre de 1991, Gorbachov leyó su renuncia en televisión nacional, y en ese momento la bandera roja de la hoz y el martillo dejó de ondear en el Kremlin, y en su lugar se isó la bandera tricolor rusa. Ucrania 1 - Rusia 0.

El Segundo Maidan ocurrió en noviembre de 2004, en el marco de unas elecciones presidenciales. Por un lado, estaba el pro-europeo Víctor Yoshchenko, quien ya había obligado a los oligarcas (magnates ucranianos, muchos con lazos con Rusia) a pagar impuestos y estaba buscando la incorporación de su país en la Unión Europea. Por otro lado, estaba Víctor Yanukovych, uno de los grandes oligargas del país y con fuertes conexiones con Rusia. Y desde Moscú, Putin, siguiendo muy de cerca las elecciones y deseando que Yanukovych ganara. Yoshchenko fue envenenado pero salvado en un hospital de Viena, aunque su cara quedó desfigurada. Esto no lo asustó y continuó en la contienda presidencial, ahora con más apoyos que nunca, de hecho, la mayoría de encuestas de opinión le daban una clara ventaba sobre Yanukovych. El 21 de noviembre, en la segunda vuelta, los ucranianos fueron a votar confiados en quién sería su presidente. Estupefactos se quedaron cuando las tornas dieron un gran giro y las autoridades ucranianos declararon a Yanukovich como ganador. Las elecciones habían sido amañadas y la gente no se iba a quedar tranquila. Unas 200.000 personas fueron a la Plaza de la Independencia a manifestarse. La revolución naranja había comenzado, llamada así por los colores del partido de Víctor Yoshchenko. Con el paso de las semanas la mancha naranja en la plaza llegó hasta el medio millón de personas. Estaba claro lo que exigía la gente, y al presidente de aquél momento, Kuchma, no le quedó más opción que escucharlos. El 26 de diciembre los ciudadanos iban a las urnas a votar otra vez, y en esta ocasión Víctor Yoshchenko ganó. Ucrania 2 - Rusia 0.

El Tercer Maidan ocurrió entre noviembre de 2013 y febrero de 2014. Y, desafortunadamente, este Maidan se tiñó de sangre. Los manifestantes se dieron cuenta que, a diferencia de los Maidan anteriores desde 1991, esta vez para defender sus derechos no serían suficientes las palabras y lemas pegajosos, si no que también tendrían que recurrir a las armas. El contexto era una sociedad desilusionada con sus gobernantes. Víctor Yoschenko no había resultado tan ideal como la gente se imaginaba en 2004, ya que la mayoría de sus promesas electorales nunca se cumplieron. Tal era el desánimo de la gente que en las elecciones presidenciales de 2010 votaron esta vez por Yanukovych. Y pues definitivamente se fueron de Guatemala a Guatepeor. Yanukovich rápidamente comenzó a retirar libertades democráticas, comenzó a favorecer a los oligarcas (al punto que Yanukovich, su familia, y círculo más allegado sacaron de Ucrania unos 70 mil millones de dólares cuando el país estaba a punto de irse a la quiebra). No obstante, desde la presidencia de Yoschenko ya se habían comenzado las conversaciones con la Unión Europea para ingresar al club, y estas conversaciones continuaron bajo el mandato de Yanukovych. La mayoría de la población y las empresas querían acercarse a la UE. No obstante, Rusia quería que Ucrania ingresara en la recién creada Unión Económica Euroasiática puesta en marcha por Moscú. El 28 de noviembre de 2013 se celebró en Vilnius, capital de Lituania, una cumbre entre Ucrania y la UE, donde deberían de realizarse unas firmas para continuar con el proceso de adhesión al club europeo. Yanukovich asistió a dicha cumbre pero, en un vuelco inesperado de acontecimientos, se negó a firmar nada, por lo que las negociaciones de adhesión de Ucrania en la UE quedaron paralizadas. Esto a la gente no le sentó nada bien y en seguida fueron a la Plaza de la Independencia. Más de medio millón de personas se congregó en la plaza exigiendo un cambio en el gobierno y la adhesión a la UE. Pero el 22 de enero hubieron las primeras víctimas mortales: 4 manifestantes fallecieron por disparo de bala. Esto marcó un antes y un después en las manifestaciones pacíficas que habían habido en Ucrania desde su independencia en 1991. El 18 de febrero otros 11 manifestantes fueron asesinados en la Plaza de la Independencia por disparos de la policía. En la madrugada del día 19 el gobierno ucraniano envió a unos matones a la plaza y se armaron unas fuertes trifulcas en la plaza que no se puede describir de otra manera como un infierno. En esta pequeña plaza se enfrentaron los manifestantes con los cuerpos de policía y matones con palos, tubos, cuchillos y armas de fuego. El saldo fue de 17 manifestantes y 5 policías muertos. La mayoría murió por armas de fuego, pero también los hubo quienes murieron quemados, degollado, o a golpes. Si esto no había sido lo suficientemente salvaje, en la mañana del 20 de febrero la policía comenzó a sitiar la plaza y francotiradores se aposentaron en los tejados de los edificios de alrededor. A la señal indicada comenzaron los disparos indiscriminados contra los manifestantes. Ese día fue el más sangriento con casi unas 70 personas asesinadas (la gran mayoría manifestantes). En el Tercer Maidan murieron en total 103 manifestantes y 13 policías.

La Plaza de la Independencia ha levantado este reconocimiento a las víctimas del 2014

No estábamos aquí para hacer turismo pero sí que pude hacer algunas fotografías desde el vehículo o cuando nos dirigíamos a él para irnos a nuestro siguiente lugar de trabajo. Por este motivo, son pocas las fotos que os muestro y no de mucha calidad.

Kiev tiene un par de monumentos religiosos que bien vale la pena ver; y ya no solo porque tengan casi 1.000 años de antigüedad, si no por su curiosa historia, puesto que vienen de una época en la que los vikingos al no poder conquistar Constantinopla decidieron imitarla.

Entre los siglos IX y XIII existía un estado eslavo oriental llamado la Rus de Kiev y, como os podéis imaginar, Kiev era la capital de este estado. La Rus de Kiev fue la cuna cultural de Ucrania, Bielorrusia y Rusia.

La Rus de Kiev fue fundada por el vikingo Oleg en 882. Por este entonces Kiev no era más que un pequeño bastión militar junto al río Dniéper con murallas de madera y tierra. Habría pequeñas construcciones de troncos de madera y polvorientos caminos de tierra. Todavía no había ninguna iglesia construida, ya que el cristianismo llegaría 100 años después. En el siglo IX la Rus de Kiev era todavía pagana, ya que la población que proliferaba eran los vikingos quienes rezaban a sus dioses nórdicos y eslavos.

No obstante, los vikingos quienes realmente volteaban a ver con admiración desde la lejanía era a Constantinopla por lo que esta significaba: riquezas, poder y prestigio. Después de años de intentos fallidos por conquistarla, la solución les cayó del cielo, y nunca mejor dicho. En el año 972 el monarca vikingo Volodymyr ofreció al emperador bizantino Basileo II aquello que mejor tenía: un ejército de fornidos hombres curtidos en numerosas guerras. Y a cambio, la hermosa Anna, hermana del emperador Basileo II debería de ccasarse con Volodymyr. Para poderse casar, Volodymyr tuvo que bautizarse como cristiano y, lo que era una gran ofensa para muchos hacia los antiguos dioses, Volodymyr sabía que teniendo ahora un reino cristiano le daría acceso a todas las monarquías cristianas europeas, que también disfrutaban de gran poder.

Si Volodymyr introdujo el cristianismo en la Rus de Kiev, fue su hijo Yaroslav el Sabio quien pensó: “no basta con llevar el cristianismo en el corazón, tenemos que construir una gran capital que refleje el poder de dios en la tierra”. Y es aquí cuando Yaroslav comenzó a imitar las construcciones de Constantinopla no solo con sus iglesias y monasterios de cúpulas doradas, si no incluso hasta los nombres.

Yaroslav construyó en el 1037 la Puerta Dorada, una puerta de acceso a la Kiev amurallada pero que servía principalmente a fines ceremoniosos. En Constantinopla también se encontraba una Puerta Dorada mucho más antigua.

De las antiguas murallas de Kiev lo único que queda en pie es esta reconstruida Puerta Dorada del año 1011

En el 1011 Yaroslav el Sabio hace otro guiño a Constantinopla y construye la Catedral Santa Sofía (en clara referencia a la Hagia Sophia de la capital bizantina, donde “hagia” en griego también significa santa).

Catedral de Santa Sofía con un monumento que muestra a Yaroslav el Sabio totalmente protegido por la guerra

Esta catedral fue construida también para impresionar y para demostrar que la Rus de Kiev no tenía nada que envidiar a otras capitales cristianas. Aquí se coronaron a príncipes y algunos de ellos fueron aquí enterrados tal como Yaroslav mismo. Las cúpulas doradas que adornan la catedral y que tuvieron gran auge en diversas construcciones de esta época simbolizan la luz divina y el poder político del gobernante que las mandara construir. Los antiguos visitantes de Kiev podrían ver los cientos de cúpulas doradas de la ciudad brillar desde lo lejos.

El nieto de Yaroslav, Sviatopolk II, continuó con la construcción de grandes edificaciones cristianas como el monasterio San Miguel de las Cúpulas Doradas del año 1108.

Monasterio San Miguel de las Cúpulas Doradas

Este monasterio y la catedral se complementaban mútuamente. Si la catedral era la iglesia principal de la Rus de Kiev así como el centro político, el monasterio era el lugar donde se preparaba el clero, monjes y educadores que después podrían servir a la comunidad o catedral misma.

El monasterio San Miguel de las Cúpulas Doradas no tuvo la misma suerte que la Catedral Santa Sofía durante la época comunista. Ambas dejaron de existir como lugar religioso. Pero mientras la catedral fue convertida en un museo (de hecho hoy mismo sigue siendo museo), el monasterio fue completamente demolido en 1931 ya que la Unión Soviética quiso construir ahí una enorme explanada con edificios gubernamentales. El único que se llegó a construir es el del actual Ministerio de Asuntos Exteriores que se encuentra ocupando una parte de los terrenos originales del monasterio, mientras que el resto del monasterio fue reconstruido en los 90 fiel a como era originalmente.

Ministerio de Asuntos Exteriores con el monumento a la princesa Olga cubierto con sacos de arena por la guerra. Olga fue una princesa de la Rus de Kiev que intentó adoptar el cristianismo antes que Volodymyr

A unos pasos de aquí se encuentra la Iglesia de San Andrés, construida por órdenes de la emperatriz rusa Isabel I entre 1744 y 1754. En estos años Kiev, y toda la zona oriental del país estaba bajo el control ruso. Kiev era la “frontera” del imperio ruso. Más allá las tierras se encontraban bajo el poder de Polonia ¿Por qué la emperatriz mandó construir esta iglesia en esta ciudad que podría ser propensa a ataques por los polacos? La respuesta es para marcar un importante suceso de la época cristiana que supuestamente tuvo lugar aquí.

En el siglo I d.C. Jesús y sus 12 apóstoles se encontraban en Jesuralén en su última cena. A las pocas horas Jesús sería crucificado, y los 12 apóstoles se quedarían debatiendo qué hacer ahora con el mensaje de paz que había traído este hombre, quien se llamaba hijo de Dios, al mundo. Decidieron dividirse y así poder esparcir la palabra de Dios en todas las esquinas del mundo conocido. Entre los 12 apóstoles había 2 hermanos: Pedro y Andrés. Los 2 hermanos se dirigirían a Turquía, para después dividir sus caminos. Pedro se fue al corazón del imperio romano, Roma, donde sería crucificado de cabeza y desde donde su iglesia se fundaría después el Vaticano. Andrés, por otro lado, decidió ir más al norte y fue a Rusia y Ucrania. Es en el lugar donde está la Iglesia de San Andrés donde supuestamente llegó el apostol y clavó una cruz diciendo que ahí se fundaría una gran ciudad. Hay que recordar que entre los siglos IX y XIII Kiev era el centro de la religión cristiana ortodoxa antes de que Moscú le arrebatara ese puesto, por lo que no se puede subestimar la importancia de esta iglesia.

 
 

Fuera del casco histórico de Kiev se encuentra otra iglesia de impresionantes dimensiones y también una impresionante historia, ya que ésta no fue construida ni por príncipes ni emperatrices, sino por un ermita llamado Antonio. Antonio vivía una estricta vida asceta donde le gustaba estar aislado y dedicado al ayuno y el rezo. Mientras Yaroslav el Sabio estaba construyendo su gran catedral y otros templos, Antonio cavó una pequeña cueva a unos cuantos kilómetros de la catedral para dedicarse a Dios en total entrega sin ningún tipo de distracción.

Para pesar de Antonio, su austera y aislada vida inspiró a otros por lo que su cueva pronto se fue llenando de gente, por lo que se tuvieron que cavar más cuevas para dar cabida al cada vez mayor número de seguidores. Los monjes con sus propias manos y herramientas rudimentarias fueron cavando centímetro por centímetro la tierra para ir alargando los túneles y celdas. Entre esos seguidores estaba Teodosio. Mientras Antonio prefería que lo dejaran en paz, Teodosio se dedicó a organizar a la comunidad formalizando así una estructura monacal y una serie de preceptos que los monjes deberían de seguir.

La vida subterránea tuvo que ser apta solamente para aquellos convencidos que con estos sacrificios obtendrían la llave de las puertas del cielo: los túneles tienen en promedio 1 m. de anchura y los techos son muy bajos, donde en muchas ocasiones tienes que agacharte para poder pasar. Los túneles y celdas estaban escasamente iluminados con lámparas de aceite. Y por si todo esto fuera poco, los monjes que iban muriendo los enterraban ahí mismo en las paredes de estos túneles, para recordar a los vivos que la muerte acechaba en cualquier momento.

Antonio y Teodosio no tenían riquezas ni reinos, pero sí tenían una gran autoridad moral que hasta los príncipes les consultaban. Mientras los príncipes tenían amplios palacios y brillantes cúpulas doradas, Antonio y Teodosio habían elegido estrechez y obscuridad.

Hoy en día existen unos 2,5 kilómetros de túneles e iglesias que eventualmente se fueron construyendo sobre los túneles. Lo que comenzó con una pequeña cueva cavada por un hombre en 1051, terminó como uno de los monasterios más importantes de toda Europa del este, el llamado Pechersk Lavra.

Pechersk Lavra tiene una red de túneles medievales debajo

Con este buen sabor de boca de poder ver un poco la historia de este país es que llegamos al piso donde debíamos continuar trabajando. Sacamos nuestros portátiles y estábamos discutiendo de un tema cuando en eso, un fuerte sonido vino desde la calle, era la alarma antiaérea sonando por un ataque ruso.

Cogimos nuestras mochilas con los enseres básicos y nos dispusimos a salir del edificio para dirigirnos a un búnker. La sensación en la calle era que a nadie le importaba en lo más mínimo la alarma antiaérea. De hecho, al salir del edificio nos encontramos con una señora mayor como de unos 80 años que venía con las bolsas de la compra y al vernos se atacó de la risa diciéndonos en ucraniano que ya iban a caer las bombas. Lo único que vi es que como todavía los niños estaban en clase inmediatamente los sacaron a todos de un cole que había cercano, y un adulto en uniforme militar detuvo el tráfico para que pudieran cruzar todos los menores y dirigirse a un refugio. Como donde estábamos no había ningún búnker tuvimos que dirigirnos a un estacionamiento subterráneo.

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Día 4: viendo la historia viva camino a Kiev