Día 2: Skoura, el gran palmeral a los pies del Atlas
Este día continuaríamos nuestro viaje por el sur de Marruecos para dirigirnos hacia Skoura, otro lugar de parada obligada para las antiguas caravanas y que se distingue por las miles de palmeras que hay aquí.
Ya hemos dejado las montañas del Atlas atrás. Ahora estamos entre esas montañas y el Sahara. Pero todo esto sigue siendo históricamente territorio amazigh. Según se dice hace miles de años en Skoura había un lago lleno de aves, entre las cuáles la más común era la perdiz, llamada “askour” en idioma amazigh, y de ahí el nombre de este enorme palmeral.
Este amable ecosistema entre el desierto y las montañas atrajo a miles de personas de todas las regiones para asentarse aquí y dedicarse a la agricultura. Esto era un auténtico oasis. Un lugar donde el alimento estaba asegurado. Es por esto que en Skoura coexistieron diferentes etnias. Estaban los llamados “haratines” que literalmente significa “labradores”. Tal como su nombre lo indica, esta gente se dedicaba al trabajo del campo, y también estaban los “laâbid”, que significa “esclavos”, que nos podemos ya imaginar a qué se dedicaban. Tanto los haratines como los laâbid eran de piel negra. Según se dice provenían de Sudán. OJO, no tiene nada que ver con el país actual llamado Sudán, si no que provenían de lo que los árabes llamaban Bilad al Sudan, una zona que se traduciría como la “tierra de los negros” y que comprende los actuales Malí, Níger, Mauritania, Senegal y Burkina Faso.
Había también una comunidad judía bastante importante en Skoura, incluso a las afueras de este palmeral se conserva todavía un antiguo cementerio judío.
Y la mayoría de la población estaba conformada por diferentes etnias amazigh. Este oasis es tan extenso que prácticamente lo hacía imposible amurallarlo, y también era difícil que fuera gobernado por una sola persona. Por ello, a Skoura se le conoce también como el oasis de las 1.000 kasbahs, esto es porque poderosas familias se fueron construyendo sus propias kasbahs a modo de protección y también para demostrar poder, por eso es que te encontrarás varias por el camino.
¡Hasta nuestro hotel era una antigua kasbah!
Nuestro hotel en Skoura
Pero definitivamente la kasbah más imponente de todas es la de Amridil.
Esta kasbah, del siglo XVII, perteneció y pertenece a la familia Nasiri.
Hemos dicho que aquí había campesinos y esclavos, y que no existía ningún monarca único, si no más bien poderosas familias. Y ese poder podía ser por varios motivos, como por ejemplo el tener tierras, militar, o por influencias. En el caso de los Nasiri no es por ninguno de estos. Lo que a ellos les dio la llave del poder, o al menos de su magnífica kasbah, fue la religión. Un antepasado de ellos, Sidi Muhammad bin Nasir al-Drawi, fundó en los 1640s la orden sufí Nasiriyya.
La mayoría de nosotros, cuando pensamos en los sufíes, pensamos en una corriente mística minoritaria del Islam. Y en parte es así, pero no siempre lo fue. Cuando el profeta Mohamed muere en el año 632, todos se empiezan a preguntarse: “¿cómo había dicho el profeta que teníamos que rezar? ¿con las manos arriba o abajo? ¿Y cuántas veces al día dijo? ¿Cómo saber qué hacer en ciertas situaciones?”. Etc…. Mientras el profeta vivía, todos acudían a él y él les aseguraba qué era lo que Alá quería. Pero cuando él muere ya no existe esa fuente de conocimiento. Por lo tanto, 3 ramas comenzaron a juntar toda la información posible con tal de mantener lo más fiel posible el mensaje del Islam. Por un lado, estaban los estudiosos, quienes comenzaron a recopilar todas las enseñanzas e interpretaciones que el profeta hizo cuando estaba vivo. Este compendió pasó a llamarse los hadith, o como es conocido coloquialmente en castellano: los dichos del profeta. Básicamente aquí se describen los hábitos, acciones, palabras y aprobaciones del profeta Mohamed. Otra corriente que intentó conservar la pureza del Islam fueron los filósofos. A través de la expansión del ejército musulmán desde Arabia Saudí, los árabes comenzaron a entrar en contacto con filósofos de la India, con zoroastras y budistas, así como con enseñanzas de los antiguos griegos. Los filósofos árabes intentaron explicar toda esta filosofía antigua occidental y oriental desde el prisma del Islam. Y por último, estaban los sufíes. Digamos que ellos pensaban “vale, está muy bien todo este conocimiento y sabiduría pero…. yo no vibro con esto. No siento a Dios con toda esa intelectualidad”. Así que los sufíes comenzaron a realizar prácticas espirituales que les acercara con Dios, como puede ser estar en silencio, meditar, danzar, recitar varias veces el nombre de Dios, etc… las prácticas varían según la corriente sufí. Para ellos la "jihad”, o guerra santa, no era contra algún enemigo externo, si no era la batalla interna contra uno mismo para llegar a ser mejor persona.
Muchos de estos sufíes se sentían aterrados de las suntuosidades de los emires y kalifas de la época. Sentían que el Islam no iba de grandes riquezas, sino más bien de austeridad. Por ello, muchos comenzaron a vestir tan solo con una prenda hecha de algodón. Algodón en árabe se dice “suf”, y de ahí el nombre “sufí”.
No obstante, la gente de la época no le prestaba gran atención a los sufíes. Preferían quedarse con lo que decían los académicos o filósofos. Tenía más caché. Pero los siglos XII y XIII comenzaron a ser un parteaguas para el Islam. Por una parte, las cruzadas cristianas europeas estaban entrando en todo Oriente Próximo conquistando tierras musulmanas, y sobre todo la conquista de Jerusalén resultó ser un gran trauma en la psique musulmana. Pocos años más tarde, los mongoles llegaron por el otro lado, y fueron también destruyendo grandes ciudades míticas de la cultura islámica como Bagdad. Los musulmanes de la época se preguntaban qué había pasado. Cómo era posible que después de siglos de grandeza se estaba ahora desmoronando todo. La explicación solo podía estar en que no se estaban acercando de la manera correcta a Allah, y que por ende él los estaba castigando. Se dieron cuenta que las erudiciones e intelecto no era lo que Allah quería, entonces más gente se acercó al sufismo para ver si con una vida espiritual podrían contentar a su Dios. Es por eso que a partir de estos siglos el sufismo comienza a coger fuerza.
Además, el sufismo se diferencia de los académicos y filósofos en un aspecto muy importante: crean comunidad. Se organizaban órdenes o cofradías donde estaban al mando de un maestro espiritual. Este maestro fundaba las “zawiyas”, que serían como una especie de “monasterio”. Pongo las comillas porque en las zawiyas no se esperaba que la gente se aislara del mundo exterior, tal como lo es en los monasterios, o tampoco se esperaba que fueran celibatos o que estuvieran rezando todo el tiempo. En las zawiyas recibían enseñanzas, sí, pero también podían comerciar con otros, trabajar, pedir consejos, etc… y todos bajo su líder espiritual.
Pues bien, este antiguo antepasado de la familia Nasiri fue el que fundó una zawiya cerca de aquí en el siglo XVII. Con una cofradía a su cargo es que fue obteniendo seguidores y poco a poco más poder. Esta familia se desplaza a Skoura y es cuando construyen su kasbah que podemos ver hoy en día. El sufismo era la religión que imperaba en Skoura y la familia Nasiri era su líder espiritual. Esta kasbah sirvió como posada para las caravanas del desierto. Aquí también se educaba y se hacía comercio. La familia Nasiri tenía poder político también ya que la gente acudía a ellos para pedir mediación o consejo.
Las llaves de la kasbah han pasado de generación en generación en la familia Nasiri, por lo que ellos siguen siendo todavía los dueños a día de hoy.
La kasbah Amridi recibió a caravanas durante siglos, políticos, estudiantes, comerciantes y esclavos
El calor comenzaba ya a apretar mucho, por lo que el resto del día nos fuimos a refugiarnos por las sombras de las miles de palmeras y descubrir entre ellas sus casas de adobe.
Una vez hecho esto regresamos a nuestra pequeña kasbah para descansar y refrescarnos con unos buenos dátiles. ¿Dijimos que apretaba el calor? No sabíamos de lo que hablábamos. Mañana seguiríamos conduciendo aun más hacia el sur, hasta llegar a M’Hamid, un pequeño poblado que se encuentra en las puertas del Sahara.